1 de diciembre de 2013
30 de noviembre de 2013
Adviento, ¿para qué?
Hace
unos días estaba hablando con una parroquiana y le estaba yo comentando que
pronto comenzaría el Adviento. Ella me dijo: “¿y qué es eso?”. El tiempo de
preparación para la Navidad –le dije yo. Y ella asombrada y absolutamente confundida
me dice: “¿pero no es Navidad ya?”.
Esto
que puede parecer una mera anécdota de una persona desorientada y con pocos
conocimientos religiosos, está más extendido de lo que podrá parecernos.
Si
salimos a las calles de nuestra ciudad y preguntamos a la gente que en qué
época del año estamos, la gran mayoría nos diría que en navidad, convencidos y
sin dudarlo.
Por
eso, ante lo que vivimos, observamos y contemplamos a nuestro alrededor, ¿qué
sentido tiene el Adviento? ¿para qué nos prepara si ya todo el mundo tiene
puesto el traje de fiesta?
Es
complicado hablar y orientar a la gente cuando los centros comerciales, las
multinacionales y los medios de comunicación están dando otro mensaje.
Aún
así, me resisto a caer y sucumbir ante ese acoso.
Por
eso, hoy quiero decirles para qué sirve el Adviento:
-
El Adviento sirve para cargar las pilas, para llenar de
esperanza a las personas que están tristes y sin rumbo en la vida.
-
El Adviento sirve para meditar, pensar y reflexionar
hacia dónde van nuestros pasos y cuál es la orientación que queremos dar a nuestra
existencia.
-
El Adviento sirve para pararnos en un cruce de caminos y
mirar hacia todos los lados para poder elegir lo que más nos conviene.
-
El Adviento sirve para “ponernos morados”; sí, morados
como la estola del sacerdote, color especial de este tiempo que nos evoca
penitencia, sacrificio, conversión.
-
El Adviento sirve para hacer un hueco a Jesús en nuestras
familias y prepararle un lugar agradable para nacer: un lugar libre de rencores
y odios, un hogar libre de malas palabras e insultos, un lugar donde reine la
paz…
Hermanos,
hermanas, ¿y ustedes qué piensan? ¿para qué sirve el Adviento?
23 de noviembre de 2013
La Abeja Reina
Había
una vez un panal de abejas que era muy conocido en toda la comarca porque daba
una miel muy rica, dulce y sabrosa. Incluso algunas personas decían que era
curativa y que había sanado a algunas personas que tenían problemas de
estómago.
La
Abeja Reina se sentía orgullosa de sus abejas obreras y continuamente las
animaba a seguir recolectando néctar para elaborar la miel más rica del lugar.
Pero
un día los agricultores de la zona empezaron a utilizar pesticidas y productos
que debilitaban, adormecían y dañaban a las abejas obreras. La Abeja Reina veía
que su Reinado se debilitaba y la miel tan rica que daba en otro tiempo aquel
panal estaba perdiendo calidad.
Empezó
a pensar en cómo dar solución a aquella terrible desgracia: “organizaremos una
batalla contra los pesticidas” –pensaba la Abeja Reina-, “dejaremos de elaborar
miel y nos dedicaremos a otra cosa” –se le pasaba por la mente a la Reina-,
“huiremos a otro lugar” –meditaba nuestra amiga-.
Pero
veía que todas aquellas soluciones no eran viables. Si querían luchar contra
los pesticidas morirían la mayoría de las abejas; si pensaban en dedicarse a
otra cosa eso era imposible, las abejas sólo saben elaborar miel; si huían
quizá no encontrarían un buen lugar donde establecerse y algunas abejas
morirían por el camino.
Entonces
pensó: “Ya sé lo que haré. En lugar de quedarme aquí cómodamente en el panal, sentada
en mi trono, saldré afuera y acompañaré a mis abejas obreras, les ayudaré a
recolectar miel, sanaré a las enfermas, animaré a las abatidas, despertaré a
las adormecidas y les haré ver la importancia que tiene el trabajar unidas.
El
comportamiento de aquella Abeja Reina levantó cierto revuelo y desconfianza en
algunas abejas que decían. “Esto nunca se ha visto aquí: la Abeja Reina fuera
de su trono y ayudando a las obreras. ¡Menudo escándalo!”
Pero
la actitud de esta Reina empezó a transformar a las demás abejas y muchas
comenzaron a seguir su ejemplo. Poco a poco el ambiente del panal cambió y de
nuevo todas las abejas se hicieron fuertes ante los pesticidas. Volvieron a elaborar
la más rica miel de la comarca y se respiraba un ambiente de alegría y de
trabajo.
Hay
quien dice que la Abeja Reina aún sale cada día temprano y anima de palabra y
de obra a cada abeja del panal.
Mangante, ¿encuentras algún parecido entre la Abeja Reina y Jesús?
20 de noviembre de 2013
20 de Noviembre: Día Internacional del Niño
Por eso quiero homenajear a:
- Todos los niños que cada día van a la escuela y aquéllos que no disponen de esa oportunidad.
- Todos los niños que han perdido a sus papás y aquéllos que crecen junto a ellos.
- Todos los niños que tienen juguetes y aquéllos que juegan con su imaginación.
- Todos los niños que sufren explotación laboral y aquéllos que se preparan para trabajar cuando sean mayores.
- Todos los niños que piden por las calles y aquéllos que les sobra el dinero.
- Todos los niños que están enfermos y aquéllos que gozan de muy buena salud.
- Todos los niños (sobre todo niñas) que sufren explotación sexual y aquéllos que son protegidos por sus papás.
- Todos los niños que no tienen para comer y aquéllos que cada día dejan comida en el plato.
- Todos los niños que tienen sed y aquéllos que se olvidan de cerrar el grifo (la pluma).
- Todos los niños que no tienen ropa y aquéllos que cada mañana se levantan, abren el armario y dudan qué ropa ponerse.
Por todos los niños del mundo...
16 de noviembre de 2013
Piedras y ofrendas
Doña Pepita va todos
los domingos a Misa. Ella tiene buenos chavos y cada vez que puede lleva a la
Iglesia alguna ofrenda. Ella fue la que donó la pila bautismal, la imagen de
San Judas Tadeo y el Sagrario dorado y plateado que tenemos en el Templo. Doña
Pepita es buena mujer –dice el sacerdote-, porque colabora mucho con la
parroquia. Todo el mundo admira a Doña Pepita porque se preocupa de “las cosas
de la Iglesia” y ofrece lo mejor para el Señor.
Doña María es una
mujer muy humilde, que tiene pocos recursos para vivir. Cuando va al templo lo
que hace es sentarse en el banco. Su oración de cada día es muy sencilla:
“Señor, ya tú sabes”. Nunca ha podido hacer ninguna donación a la Iglesia. Ah
bueno, sí, ella se dona a sí misma y visita enfermos de la comunidad llevándoles
una palabra de ánimo y leyendo con ellos la palabra de Dios. Toda la gente
quiere mucho a Doña María, porque ven
que ella es buena y se vuelca por los demás.
¿Cuál
de las dos actúa correctamente? –Desde luego que las dos hacen aquello que
está en su mano y colaboran con aquello que pueden. Pero si leemos bien el
Evangelio de este domingo, lo que nos salvará no serán las piedras o las
ofrendas. No nos van a salvar los objetos, las cosas externas. Lo que realmente
nos dará felicidad plena serán las cosas que salen del interior.
Dicho
de otra manera: nuestra parroquia puede estar muy bonita externamente, tener un
jardín precioso, una oficina decoradísima o poner en el templo los manteles más
lindos, pero eso no será lo que dé auténtica belleza a nuestra parroquia.
Una
parroquia para estar bella tiene que tener bellas personas. Una parroquia para
estar limpia tiene que tener personas limpias por dentro. Una parroquia para
verse reluciente tiene que sacar brillo a los corazones. Una parroquia para que
desprenda buen olor debe preocuparse por que las personas se llenen de buenas
obras.
¿Quieren
una parroquia bien linda? –Pues ya saben…
9 de noviembre de 2013
La historia sin fin
Hubo en los años 80 una película que se
titulaba “La historia sin fin”. En ella
un joven que sufría acoso por sus compañeros de escuela, paseando por la calle
entra en una tienda de libros, y el dueño le muestra un libro llamado La historia sin fin. Le advierte de que
ese libro es peligroso, pero el muchacho, intrigado y curioso, consigue robar
el libro y llevárselo a casa para leerlo. El libro va narrando una historia en
donde el protagonista tiene que salvar al mundo. Finalmente el protagonista de
la película se da cuenta de que el auténtico salvador es él mismo. Finalmente
el muchacho consigue salvar al mundo y todo florece de nuevo.
¿Por qué les
cuento esto? –porque en algo esta historia sin fin se parece a lo que nos narra
Jesús en este evangelio. Él nos habla de la vida eterna, de la resurrección,
de un nuevo estado de gracia junto a los ángeles. Eso es algo que nos parece
demasiado fantástico, demasiado utópico, demasiado difícil de alcanzar. Pero es
Jesús quien ha venido a nuestro mundo para salvarnos (como el protagonista de
la película que se introduce en el libro para salvar al mundo) y nos ofrece una
“historia sin fin” junto a Dios.
Es difícil
entender el concepto de eternidad, de vida eterna, de resurrección, porque
somos finitos, limitados y caducos. Pero más allá de este mundo pasajero existe
algo que merece mucho la pena, y aunque no podamos llegar a entender del todo,
al menos podemos confiar en la palabra que nos da Jesús, en su testimonio.
Hace unos
años, un amigo mío, que es ateo, me dijo: “¡cuánto te envidio! Tú tienes fe y
tienes una esperanza en Alguien o Algo que te espera más allá de este mundo. Yo
en cambio percibo que todo se acaba acá en la tierra y no veo ningún más allá,
y eso me angustia a veces.”
Los que no tienen fe no pueden ver más allá, no
tienen una perspectiva amplia de la vida. Pero nosotros sí podemos vivir con
esperanza porque Dios nos espera y aguarda más allá de esta vida.
6 de noviembre de 2013
Quiero ser bombero
Me puse a hablar con ellos, a ver por qué estaban peleándose, y ambos me dieron sus razones. Les dije que se pidieran perdón y así lo hicieron. Uno de los niños se marchó y el otro allí quedó. Entre tanto se acercó una vecina y me empezó a explicar que este niño (el que se quedó allí junto a mí) tenía problemas en casa, la mamá era muy joven, eran 4 hermanitos y ninguno iba a la escuela. Le pregunté al niño qué hacía cada día, y me dijo que nada, sólo estaba en casa o en la calle.
Le pregunté qué quería ser de mayor, y me dijo que bombero. Esbocé una sonrisa y le dije que para eso tenía que ir a la escuela. "Todos los bomberos estudian" -le indiqué.
Finalmente el niño se marchó.
Esa anécdota me dejó triste y pensativo, al ver la falta de oportunidades que muchos niños y niñas tienen en este país. La culpa es doble: los papás que no llevan a sus hijos a la escuela y no les preparan para tener un futuro digno, pero también es culpable el Ministerio de Educación que no controla esas situaciones injustas.
Soy consciente de que no es fácil, pero sí soy consciente de que algo más se puede hacer.
Quizá nuestra sociedad se está perdiendo un buen bombero para el día de mañana.
2 de noviembre de 2013
Zaqueo-Saqueo
Para los que
somos españoles y pronunciamos la z con sonido “z” y no con sonido “s” a veces
se nos hace difícil adaptar el oído al sonido de la z como si fuera “s”. Pero
en otras ocasiones la confusión entre la “z” y la “s” puede ser útil. Es el
caso del evangelio de este domingo en donde aparece Zaqueo (o Saqueo, según
pronunciemos la “z”).
Y es que
realmente el nombre de Zaqueo va muy unido al saqueo. Sí, hermanos y hermanas.
Zaqueo era un recaudador de impuestos (un publicano) que en la época de Jesús
tenían fama de quedarse el dinero ajeno y robar a otros a través de los cobros
que realizaban.
Quizá haya
coincidencia entre los cobradores de impuestos de aquella época y la nuestra,
no lo sé.
No sé si
Zaqueo saqueaba o no, el caso es que tenía fama de eso. Se suele decir “toma
fama y échate a dormir”. Pues a Zaqueo le pasó algo de eso, pero quería cambiar
de vida y convertirse. Él que era bajito de estatura busca una estrategia
fantástica y muy original: se sube a un árbol para ver pasar a Jesús y llamar
su atención. Pero quien sorprende, una vez más, es Jesús. En lugar de que
Zaqueo vea a Jesús, es Jesús quien ve a Zaqueo, en lugar de subir, le dice que
baje del árbol, y lo más sorprendente: Jesús le dice que quiere entrar en su
casa. Menudo escándalo para los judíos. Jesús, el Mesías, un profeta en casa de
un pecador. Pero qué tipo de profeta era ese que se mezclaba con ladrones,
tigueres, sinvergüenzas, bandidos y traidores.
Pues ese
profeta es Jesús que nos recuerda que Dios está cerca de los más perdidos, de
los olvidados y pecadores.
Jesús no va a
casa de Zaqueo porque sea un pecador, sino porque, aún siéndolo, él se
arrepiente y quiere vivir más cerca de Dios.
Ojalá y todos los ladrones de nuestro país (los
ladrones que llevan traje y los ladrones de barrio) se convirtieran y quisieran
que Jesús entrara en su casa. Viviríamos todos más felices.
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