23 de noviembre de 2014

Hay reyes y Reyes


Estamos acostumbrados a encumbrar a la gente, a adorar ídolos y poner coronas de grandeza. Vivimos en un mundo donde elevamos a la categoría de reyes a muchas personas y casi los convertimos en dioses, o mejor dicho, "diosecillos" ante los que nos arrodillamos. ¿Quieren algún ejemplo concreto?
- Cristiano Ronaldo (y tal vez muchos otros deportistas): juega bien al fútbol, es una persona atlética... pero ¿eso es suficiente para ponerle una corona de grandeza? ¿Tenemos que adorar a una persona que solo piensa en su imagen física y en alcanzar muchos trofeos?
- Justin Biever (y tal vez otros muchos cantantes): canta bien, es guapo, tiene talento... pero ¿eso es suficiente para convertirlo en nuestro ídolo? ¿Está bien que ensalcemos a una persona que tiene problemas con la justicia, que flirtea con las drogas y se cree con derecho a todo por ser famoso?
- Paris Hilton (y tal vez otras "niñas caprichosas" de nuestra sociedad): tendrá mucho dinero heredado de su familia y de una red de hoteles... pero ¿eso le autoriza a esta joven a derrochar, y estar de fiesta en fiesta? ¿Por qué nosotros damos seguimiento a una persona que tiene mucho dinero, pero está vacía, totalmente vacía de valores?
La lista de personas "endiosadas" por nuestro mundo sería muy larga. Esto es solo un aperitivo para que veamos quiénes son los "nuevos reyes" a los que adoramos. En su gran mayoría todos estos pequeños dioses solo piensan en sí mismos, en su fama, en su enriquecimiento, en su bienestar, en su comodidad.
Hoy celebramos la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. El reinado que nos ofrece Jesús es muy distinto a todo lo que nos propone nuestra sociedad. Jesús no fue un buen deportista, ni una estrella del rock, ni un empresario famoso, ni un actor de cine, ni un modelo de pasarela... pero Jesús "pasó haciendo el bien" y eso le convierte en Rey.

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