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20 de febrero de 2015

Sexo, playas y sol

¿Has veraneado alguna vez en República Dominicana? ¿Te has paseado alguna vez por las playas de Punta Cana, Playa Bávaro o Puerto Plata?
Tal vez sí, tal vez no. Pero seguro que si escuchas hablar del Caribe vienen a tu mente palabras como: fiesta, baile, sexo, playas, sol, relax, descanso, todo-incluido...
Y es que no es para menos. Eso es lo que nos venden las agencias de viajes. Y lo mejor de todo: "todo muy barato".
Estamos en el mes de febrero, mes de la patria. Por eso, quiero compartir otras palabras que a mí me sugiere República Dominicana. Unas más agradables y otras no tanto, pero es lo que veo, lo que siento y lo que creo:
- Buena gente, generosa, sensible...
- Corrupción en la política, mentira, engaño, fraude, abuso del pueblo...
- Apagones, falta de luz,
- Machismo, mucho machismo
- Madres"todoterreno"
- Fe, Dios...
- Violencia, droga, mafia, Tigueres, inseguridad...
- Ignorancia, analfabetismo, falta de oportunidades, escuelas sin dignidad...
- Alegría, sonrisa, dientes blancos...
- Basura, basura y basura...
- Salarios muy bajos, explotación, falta de oportunidades...
- Buena música, buenos músicos, sentido del ritmo...
- Sol, agua, campo... y buena fruta.
- Pobreza y riqueza...
Si vives acá, tal vez tú veas otras cosas. Compártelas, mangante...

25 de noviembre de 2014

En Misa: sordos, ciegos y mudos



Hace unos días estaba dando la comunión, digo: "Cuerpo de Cristo", miro a la cara a la persona que le voy a dar la comunión y veo que es un señor que lleva puestas unas orejeras. Creo que es la primera vez que veo a alguien en Misa con orejeras. Me hizo bastante gracia aquella situación.
Probablemente aquel señor tenía frío y no quiso quitarse las orejeras para que no se le congelasen las orejas. De todos modos aquella situación me llevó a reflexionar que hay algunos cristianos que, aunque no se nos ven las orejeras, en el fondo estamos en Misa con los oídos taponados, que tenemos tanta cera en los oídos que somos incapaces de escuchar la Palabra de Dios, de dejarnos transformar por ella, de interrogarnos ni siquiera un poco nuestro estilo de vida. "Por un oído nos entra y por otro nos sale" -que diría el refrán. Son cristianos sordos.
Siguiendo con la reflexión, también nos encontramos con otras personas que vienen a Misa con los ojos tapados, que son incapaces de mirar a las personas que tienen a su lado, que les importa un comino la comunidad. Son personas que solo se miran a sí mismos y que les molesta cualquier creatividad, novedad o gesto que se realiza en Misa y que le implique moverse ni siquiera un centímetro de su banco. Son cristianos ciegos.
Y también hay otros cristianos que vienen a Misa con la boca tapada: que no responden o lo hacen de mala gana; que no cantan; que no participan... Personas que tienen los músculos de la boca agarrotados. Y esos son los que luego se quejan diciendo que la Misa es un rollo, que no hay quien aguante, que es insoportable. Son cristianos mudos.
Me viene a la mente aquel dibujo de los tres monos: uno se tapa los oídos, otro los ojos y otro la boca.
Si te sientes identificado con uno de estos tres tipos de actitudes, deja ya de ser un "mono cristiano".

23 de noviembre de 2014

Hay reyes y Reyes


Estamos acostumbrados a encumbrar a la gente, a adorar ídolos y poner coronas de grandeza. Vivimos en un mundo donde elevamos a la categoría de reyes a muchas personas y casi los convertimos en dioses, o mejor dicho, "diosecillos" ante los que nos arrodillamos. ¿Quieren algún ejemplo concreto?
- Cristiano Ronaldo (y tal vez muchos otros deportistas): juega bien al fútbol, es una persona atlética... pero ¿eso es suficiente para ponerle una corona de grandeza? ¿Tenemos que adorar a una persona que solo piensa en su imagen física y en alcanzar muchos trofeos?
- Justin Biever (y tal vez otros muchos cantantes): canta bien, es guapo, tiene talento... pero ¿eso es suficiente para convertirlo en nuestro ídolo? ¿Está bien que ensalcemos a una persona que tiene problemas con la justicia, que flirtea con las drogas y se cree con derecho a todo por ser famoso?
- Paris Hilton (y tal vez otras "niñas caprichosas" de nuestra sociedad): tendrá mucho dinero heredado de su familia y de una red de hoteles... pero ¿eso le autoriza a esta joven a derrochar, y estar de fiesta en fiesta? ¿Por qué nosotros damos seguimiento a una persona que tiene mucho dinero, pero está vacía, totalmente vacía de valores?
La lista de personas "endiosadas" por nuestro mundo sería muy larga. Esto es solo un aperitivo para que veamos quiénes son los "nuevos reyes" a los que adoramos. En su gran mayoría todos estos pequeños dioses solo piensan en sí mismos, en su fama, en su enriquecimiento, en su bienestar, en su comodidad.
Hoy celebramos la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. El reinado que nos ofrece Jesús es muy distinto a todo lo que nos propone nuestra sociedad. Jesús no fue un buen deportista, ni una estrella del rock, ni un empresario famoso, ni un actor de cine, ni un modelo de pasarela... pero Jesús "pasó haciendo el bien" y eso le convierte en Rey.

13 de noviembre de 2014

Quiero un cura molongui


Estos días iba viajando en tren. Sentados detrás de mí estaban 3 jóvenes: dos chicas y un chico. Iban hablando de la boda de una de ellas, de los preparativos, de la ilusión que le hacía casarse, de cómo quería organizar la despedida de solteros, del menú... y de la ceremonia. Bueno, mejor dicho, hablaba del tipo de cura que quería que la casara con su novio. Ella dijo que quería un cura molongui, que no fuera aburrido.
En la soledad de mi asiento esbocé una ligera sonrisa y comencé a pensar qué es lo que le movía a aquella chica a querer tener un cura molongui en su boda. Quizá pretendía esquivar a esos sacerdotes que aburren incluso a las piedras de la Iglesia; quizá quería huir de esos sacerdotes moralistas, ritualistas y tantas otras cosas que terminan en "istas". O tal vez su intención era tener un cura simpático, gracioso, divertido y jocoso que en lugar de oficiar una ceremonia nupcial ofrezca a todos los asistentes (incluidos los novios) un monólogo como los que se sirven en televisión en el "Club de la Comedia".
Si les soy sincero, la actitud y el comentario de aquella chica no me sorprendió en absoluto. Un gran porcentaje de los novios que se casan hoy en día buscan un traje elegante, una Iglesia bonita, un banquete abundante y exquisito, un viaje exótico... y un cura molongui. En más de una ocasión han venido a mí parejas de novios queriendo tener una ceremonia "original", breve y amena. Son los menos los que vienen y te piden que les ayudes a descubrir a Dios en su relación de pareja. Y lo peor de todo es que en algunas ocasiones nosotros, los sacerdotes, caemos en esa trampa y les ayudamos a organizar una boda light, descafeinada, sin contenido, tan original, tan original que nos olvidamos incluso de Dios.
Por eso cuando alguien me dice que se va a casar por el Juzgado, por lo civil, por la Ley, porque no cree en el Sacramento, no solo no me ofende, sino que brota en mí el aplauso y el apoyo ante esas personas que quieren ser coherentes. Con las cosas de Dios no se juega. Si queremos un cura "molongui" es porque en el fondo también queremos un Dios "molongui", que no nos comprometa, que no nos exija.
Amiga que se va a casar, no te conozco lo suficiente, pero me atrevo a darte un consejo: búscate un cura que te ayude a entender el sacramento, que te acerque a Dios y te haga comprender la importancia del paso que vas a dar.

11 de octubre de 2014

El traje de fiesta



Este Domingo el Evangelio nos ofrece de nuevo otra parábola para entender el Reino de Dios.
El final de esta parábola se fija en alguien que, estando ya dentro del banquete, no estaba con el traje apropiado para dicha fiesta.
El Reino es como una fiesta al que todos estamos invitados, pero no todos llevamos el traje de fiesta. Cuando Jesús dice traje no se refiere a la chaqueta y la corbata, al vestido elegante, a las joyas preciosas... No, no. No habla de esos trajes y adornos.
He aquí algunas cosas que quizá puedas ponerte para estar "apropiado" para el banquete del Reino:
- Un pantalón de generosidad
- Una camisa de amor
- Unos calcetines de humildad
- Una chaqueta de acogida
- Una corbata de misericordia
- Un reloj de paciencia
Y si eres mujer, también puedes llevar puesto al Banquete del Reino todo esto:
- Unos zapatos de cercanía
- Un vestido de coherencia
- Un collar de justicia
- Una pulsera de libertad
- Unos pendientes de paz
- Un maquillaje de sinceridad
Si abres tu armario y ves que no tienes nada de esto, es porque no tienes "traje de fiesta". Pero aún estás a tiempo de conseguirlo. Sal a la calle y comparte con la gente, llora con el que llora, ríe con el ríe, camina con el que camina, siéntate con el que está sentado... y poco a poco, casi sin darte cuenta tendrás el "traje de fiesta".


4 de octubre de 2014

Cuidado, no matemos al Hijo


Escuchar el Evangelio de este domingo puede provocar en nosotros un cierto recelo y desconfianza hacia nuestros hermanos judíos que no escucharon a muchos de sus profetas y mucho menos a Jesús, el Hijo de Dios. No lo reconocieron y terminaron crucificándolo. ¡Qué malos fueron aquellos judíos! -diríamos, ¿verdad?
Pero también podemos mirarnos en el espejo y analizar nuestra Iglesia no sea que estemos matando de nuevo al Hijo que viene a pedirnos cuentas.
Jesús sigue visitándonos. Podemos acogerlo y recibirlo, o, por el contrario, matarlo y aniquilarlo para que no moleste.
Creo que en nuestra Iglesia matamos al Hijo cuando:
- Algunas autoridades eclesiásticas se meten en política, y mezclan el Evangelio con otros asuntos. Confunden al pueblo y manipulan la voluntad de la gente.
- Anulamos y olvidamos las buenas reflexiones y propuestas del Concilio Vaticano II, que trajo a la Iglesia un aire fresco.
- No damos participación a los laicos en las decisiones de la Iglesia.
- No dejamos que las mujeres puedan ordenarse sacerdotes y servir a Dios de la misma forma que sirven los hombres.
- Nos predicamos a nosotros mismos y no predicamos el Evangelio.
También acogemos al Hijo que nos visita cuando:
- La Iglesia se hace presente en tantos rincones pobres y olvidados, a través de iniciativas personales (sacerdotes, religiosos, laicos, misioneros...) o Fundaciones y Organizaciones como Caritas, Manos Unidas...
- Habla y actúa el Papa Francisco. ¡Qué mensajes y gestos tan valiosos está aportando a la humanidad!
- Se lucha y se condena la pederastia dentro y fuera de la Iglesia.
- Cuando defendemos la vida de las personas y denunciamos la práctica del aborto, la violencia intrafamiliar, la eutanasia...
- Hablamos de Jesús con un lenguaje fresco y actual, entendible por las personas más secillas.
Hermano, hermana, y tú, ¿estás acogiendo al Hijo o lo estás matando?

23 de agosto de 2014

Atando y desatando a todas horas


Cuando uno es religioso y sacerdote y asume el rol que le toca asumir en la Iglesia, descubre la importancia que tiene el Ministerio y la Vocación elegida.
Creo que nadie es más importante o menos dentro de la Iglesia, pero si que es verdad que a veces la tarea que tenemos los religiosos o sacerdotes es algo complicada, porque muchas veces tenemos que estar atando y desatando aquí en la tierra para que que quede atado o desatado allá en el cielo. Es lo que le encarga Jesús a Pedro, uno de los Apóstoles, y lo que creo que también nos pide a nosotros.
Atar y desatar aquí en la tierra es escuchar a la gente, es tener un gesto de cariño con los necesitados, es dar de comer al hambriento y de beber al sediento, es perdonar al pecador que viene arrepentido y denunciar al que comete injusticia, es hablar a la gente de Dios y a Dios de la gente...
Y en muchas ocasiones nos equivocamos, cometemos errores y metemos la pata. A veces hacemos nudos difíciles de desatar y montamos lío en cuestiones absurdas. A veces nos cansamos de andar atando y desatando y tiramos la toalla. A veces nos dejamos llevar por el mundo que nos rodea y nos olvidamos de Dios. A veces predicamos de cualquier manera. A veces no atendemos a la gente que viene a solicitarnos ayuda. A veces no escuchamos a los pecadores y no denunciamos las injusticias. A veces estamos más cerca de los ricos que de los pobres.
Aún sabiendo que no es fácil, hoy pido a Dios que me ayude a atar y desatar de forma acertada, que me dé fuerzas para unir el cielo y la tierra y ser un buen servidor.

17 de agosto de 2014

Amos y perros


En el evangelio de este domingo, Jesús dice a la mujer cananea que los amos no reparten el pan a los perros. A lo que ella corrige y le dice que al menos los perros recogen las migajas que caen de la mesa.
Amos y perros, perros y amos; ricos y pobres, pobres y ricos; poderosos y humillados, humillados y poderosos... Nuestro mundo sigue igual, dividido entre los que tienen mucho y los que tienen poco, los que se hartan de comer y los que pasan hambre, los que tienen derechos y libertades y los que son tratados como animales o peor, porque hay animales que tienen más derechos que muchas personas.
Contemplamos continuamente en República Dominicana cómo muchos haitianos vienen a buscar una vida mejor y lo que se encuentran es el desprecio, la humillación y la discriminación, empezando por nuestro propios gobernantes que inventan y ejecutan leyes injustas.
Contemplamos, especialmente en estos días, en España como muchos africanos vienen en barcas de mala muerte buscando una vida mejor y lo que se encuentran es en algunas ocasiones racismo y burla por parte de algunos de nosotros. También es verdad que hay muchas personas que generosamente los acoge y les da una vida mejor.
A los que de forma egoísta dicen que se vuelvan a su país, les pregunto: ¿es que acaso no son hijos de Dios? ¿es que acaso no merecen una oportunidad?
Nosotros hemos nacido en un país y en una familia del 1º mundo, ellos han nacido en un país pobre sin recursos y oportunidades. ¿Qué culpa tenemos nosotros de haber nacido aquí? ¿qué culpa tienen ellos de haber nacido allí?
Haitianos, africanos, de todos modos, ustedes nos llevan mucha ventaja, porque Dios les mira con un cariño especial, con gran ternura y misericordia. Él se fija en los más débiles: en los extranjeros que buscan una vida mejor, en los pobres que pasan hambre, en las prostitutas que son humilladas y usadas, en los niños que no pueden ir a la escuela, en las familias que no tienen techo... y les sana, de la misma forma que en evangelio de este domingo Jesús sana a la hija de esta mujer cananea que tiene mucha fe.

8 de agosto de 2014

La inhumanidad del ébola


A veces somos así las personas. Aplaudimos la tarea de los misioneros, valoramos todo lo que hacen, pero cuando ocurre algo como lo que ha pasado con el P. Pajares que infectado con el ébola ha tenido que ser trasladado de Liberia a España, algunas personas pierden la humanidad y dicen que es mejor que se cure allí o cuestionan quién se hará cargo de todos los gastos que eso ocasiona.
Es verdad que los misioneros no están en esos países para que nadie les aplauda, ni buscan honores ni medallas, pero sí quieren encontrar, al menos, comprensión y humanidad de los que aquí vivimos cómodamente.
El P. Pajares es un orgullo para la Iglesia que demuestra una vez más que hay muchos cristianos (sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos) que están donde no quiere estar nadie y que dan su vida (o la pierden, mejor dicho) por los demás.
Ojalá y éste religioso de la Congregación de San Juan de Dios se termine curando y consiga restablecer su salud. Y ojalá y también nuestros países pongan en marcha ayudas concretas para que en los países afectados no mueran más personas por el ébola. Si esta enfermedad traspasara las fronteras de África e infectara otros continentes, pronto se encontraría una vacuna. Y es que somos así, por desgracia. Lo que no nos afecta, no nos importa, y hasta parece que no existe. Si mueren más de mil africanos por el ébola nadie se estremece, pero si un español y algún norteamericano tienen la enfermedad aí que nos preocupamos.
El ébola deja patente una vez más el mal reparto de los bienes de la tierra y cómo por desgracia aún hay seres humanos de primera clase y de segunda o tercera clase.
Un aplauso para el P. Pajares que aún a riesgo de infectarse, como así ha sido, estuvo al lado de las personas enfermas que le necesitaban.

2 de agosto de 2014

Panes, peces y algo más


El relato de la multiplicación de los panes y los peces que en este domingo nos ofrece la liturgia, nos recuerda que por desgracia nuestro mundo está mal repartido y que hay unos pocos que tienen muchos panes y muchos peces y hay muchos que casi no tienen panes ni peces para saciar el hambre. Jesús multiplicó los 5 panes y los 2 peces e hizo que todas aquellas personas pudieran comer.
Pero Jesús no multiplicó solamente los panes y los peces, más bien lo que multiplicó fueron los deseos y voluntades de compartir de aquellas personas que le seguían.
Y hoy en día todos tenemos claro que el mundo está mal repartido, que hay muchas personas que pasan hambre, que continuamente nos encontramos con injusticias, pero nos falta voluntad para compartir y auténticos deseos de cambiar todo eso. ¿Por qué? Porque la mayoría de nosotros estamos bien instalados, bien acomodados, y gracias a Dios tenemos lo más básico para vivir.
La voluntad y el deseo de cambiar las cosas no es algo que se improvisa, sino algo que hay que formar y moldear poco a poco. Es verdad que no vamos a cambiar las estructuras sociales de la noche a la mañana, pero podemos ir moldeando las estructuras mentales de los más pequeños, educándolos y formándolos en una auténtica justicia, solidaridad y generosidad.
Quizá eso sirva para que algún día haya panes y peces para todos, y hasta sobre... como ocurrió en aquel descampado en el que Jesús dio de comer a tanta gente.

26 de julio de 2014

Un corazón dócil


Si hoy Dios se dirigiera a algún político de la tierra y le dijera qué es lo que quieres para gobernar. La mayoría le dirían a Dios: quiero un gran palacio, quiero que todo el mundo me obedezca, quiero tener muchas posesiones y dinero, quiero que mi nación sea la más poderosa de la tierra...
Es así, no nos engañemos. No tenemos que encender la televisión, escuchar la radio o leer los periódicos y ver que son unos cuantos los políticos que abusan del pueblo, y solo buscan engordar sus arcas a cualquier precio. Es muy triste observar ese panorama. De todos modos en algunos países aún funciona la Justicia y pone a cada uno en su sitio, y si alguno ha robado más de la cuenta se le hace pasar una temporadita tras las rejas. No sé si en Rep. Dominicana ocurre eso.
Si hoy nos fijamos en la lectura del primer Libro de los Reyes que escuchamos en la Eucaristía, Dios le pregunta a Salomón qué es lo que quiere para gobernar. Y Salomón le pide a Dios que le dé un corazón dócil.
¡Qué diferencia entre Salomón y algunos políticos de hoy! Si todos estos políticos pidieran un corazón dócil para gobernar, probablemente desaparecerían las diferencias entre ricos y pobres, el abuso institucional, la corrupción, las estafas... y tantas otras cosas que hacen que el pueblo no crea en sus gobernantes.
Hermanos políticos: pidan "un corazón dócil", simplemente.

5 de julio de 2014

Listos y tontos


Ya sabemos que Jesús es un revolucionario, y que pone al revés todas las cosas de este mundo: los últimos serán primeros; bienaventurados los pobres, los hambrientos, los que lloran...; los que se creen que están salvados como los escribas y fariseos están condenados, y los que se creen condenados como las prostitutas, los publicanos o los enfermos están salvados.
Y hoy de nuevo Jesús en el evangelio nos vuelve a descolocar, porque nos dice que los tontos son listos, y los listos son tontos. Claro, Jesús es mucho más sutil y a nadie le dice tonto ni listo, pero en el fondo es lo que quiere afirmar. Los que se creen que los saben todo, que son sabios, que entienden y comprenden todos los misterios de de Dios y del Universo... son en el fondo unos ignorantes, porque a quien realmente Dios les cuenta las cosas y les hace entender su mensaje es a los ignorantes de la tierra, a la gente sencilla y humilde que tienen el alma mucho más cerca de Dios.
Esto deberíamos escucharlo más veces en nuestra Iglesia en donde nos pensamos que sólo algunos tenemos la capacidad de discernimiento de los Misterios de Dios, en donde nos pensamos que sólo nosotros podemos interpretar la Palabra de Dios.
Creo que estamos viviendo un momento crucial en nuestra Iglesia en donde debemos escuchar a las personas más sencillas y humildes del pueblo que nos ayuden a interpretar lo que Dios quiere de nosotros. Los ignorantes, los que no tienen estudios quizá estén más cerca de Dios que aquellos que hemos leído muchos libros.
Tal vez ahora, como en el tiempo de Jesús, los tontos no son tan tontos ni los listos son tan listos. Si vives cerca de alguna persona sencilla y humilde, escúchala, porque con toda seguridad estarás escuchando al mismo Dios.

14 de junio de 2014

Uno para todos, y todos para uno


Tenemos un solo Dios manifestado en tres personas (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) y entre ellos se establece una relación que nos sirve a nosotros para orientar nuestra vida.
Entre las muchas cosas que podríamos aprender de la Trinidad, hoy quisiera fijarme en la corresponsabilidad: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo saben cuál es la misión de cada uno, y hasta dónde llegan sus competencias. Pero al mismo tiempo saben delegar cuando ven que no pueden llegar a todos los rincones de la Tierra ni asumir toda la Misión. El Padre delega en el Hijo y el Hijo en el Espíritu Santo.
A veces a nosotros nos gusta hacerlo todo, con mucho protagonismo, y pensando que sólo nosotros sabemos hacer bien las cosas. Necesitamos delegar, dejar en otros la responsabilidad, compartir los trabajos y funciones. Todopoderoso sólo es Dios.
Y en la Iglesia necesitamos delegar aún más. Ya no sirve el esquema en el que sacerdote es el "único que sabe hacer las cosas, el único que entiende de las cosas de Dios o el único que puede interpretar la Palabra".
Ese reparto de tareas supone menor protagonismo por parte de nosotros los sacerdotes, ese reparto de tareas supone formar más y mejor a los laicos, capacitarlos y prepararlos. Pero también ese reparto conlleva por parte de los seglares querer comprometerse de verdad, no estar en la sobra y asumir responsabilidades eclesiales. Hemos avanzado mucho, evidentemente, pero aún debemos avanzar más.
Delegar sólo trae ventajas: reduce el estrés, nos ayuda a sentirnos acompañados, llegamos más y mejor, nos amplía los horizontes...
¿Se acuerdan de los tres mosqueteros? ¿Esa novela de Alejandro Dumas en la que los tres "espadachines" junto a D´Artagnan tenían un lema que decía "uno para todos, y todos para uno"? También hoy nosotros, a ejemplo de la Trinidad, queremos ser: "uno para todos, y todos para uno".

31 de mayo de 2014

Quiero ser obispo


Cuando comencé a estudiar Teología, el primer día de clase un seminarista me preguntó a qué aspiraba yo. Me quedé un tanto sorprendido con la pregunta y le respondí que yo lo que quería era ser mercedario. A continuación, yo también le quise preguntar a qué aspiraba él, y me dijo que él quería ser obispo. Después de su respuesta me quedé sin palabras, porque nunca había imaginado que alguien aspirara a ser obispo.
Aquel joven seminarista no sé qué intención tenía al pretender ser obispo. No me atreví a preguntárselo. Quizá quería llevar una mitra y un báculo para servir más al pueblo, o quizá quería ir de purpurado para mandar más. Por desgracia dentro y fuera de la Iglesia muchas personas buscan ascender y tener los mejores puestos, no para servir sino para mandar y estar por encima de los otros.
Cuando uno está en una empresa quiere subir de posición porque normalmente eso da mayor prestigio y repercute positivamente en el sueldo de cada mes. Muy pocas veces se busca un ascenso con la intención de servir más y mejor a la gente.
Sin embargo, una vez más Jesús nos da un ejemplo en este domingo en que celebramos la Ascensión, porque Él se va a los cielos no para alejarse de nosotros, sino para estar más cerca; no para tener mayor prestigio y dinero, sino para estar a nuestra disposición; no para mandar más, sino para servir más y mejor.
Él nos dice que no nos deja solos, que nos deja al Espíritu Santo. Y nos da la misión de seguir haciendo discípulos y bautizando a más personas.
Que si conseguimos un ascenso, sea para servir y promocionar a otros. Sólo así estaremos ascendiendo al estilo de Jesús.
Por cierto, aquel seminarista que quería ser obispo, hoy es un cura rural, que atiende 10 o 12 parroquias. Probablemente, atendiendo a estas parroquias, está viviendo mejor la auténtica Ascensión.

10 de mayo de 2014

Tres estilos de pastores




El Evangelio de hoy nos habla de pastores y ladrones. Como los ladrones no nos interesan y por desgracia, en nuestra sociedad ya hay demasiados, hoy vamos a fijarnos en los pastores. Y me gustaría presentarles 3 tipos de pastores. Cuando hablo de pastores me refiero a los obispos, sacerdotes, diáconos, coordinadores de comunidades y grupos. En el fondo hablo de todos los que de una forma u otra tienen una responsabilidad dentro del Pueblo de Dios.
- Pastores que van delante de las ovejas: son aquellos que se ponen delante de la comunidad, dirigen al pueblo de Dios y marcan la ruta por donde las ovejas deben caminar. Nadie pone en duda sus planteamientos. Todas las ovejas dicen: “beeeeee”, y acatan las órdenes del pastor. Ninguna oveja piensa, aquí solo piensa en pastor.
- Pastores que van detrás de las ovejas: son aquellos que se ponen atrás del rebaño, se esconden, tienen miedo a asumir responsabilidades. Las ovejas no saben para dónde ir, y por el camino se pierden muchas. Cuando necesitan al pastor no lo encuentran nunca, porque anda en otras cosas.
- Pastores que van al lado de las ovejas: son aquellos que acompañan a sus ovejas, les dan orientaciones por dónde deben caminar, pero también les ofrecen libertad. Las ovejas se sienten acompañadas y apoyadas, y siempre que tienen problemas acuden al pastor para pedir ayuda.
Hermano y hermana, si eres “pastor” o “pastora” revisa tu vida y mira de qué forma estás conduciendo al rebaño.

3 de mayo de 2014

Ciegos, torpes y despistados

Parece increíble, ¿verdad? Dos discípulos, de los que estuvieron junto a Jesús en vida, iban caminando hacia Emaús, y se encuentran con el Mesías, y no lo reconocen. ¿Estaban tan ciegos? ¿eran tan torpes? ¿andaban tan despistados?...
Probablemente sí, estaban ciegos, eran torpes y estaban muy despistados. Ellos estuvieron caminando junto a Jesús y no se enteraron hasta el final cuando le vieron partir el pan.
Pero nosotros muchas veces también somos ciegos, torpes y despistados, porque Jesús también camina a nuestro lado continuamente, a cada rato, y tampoco nosotros lo reconocemos.
¿Dónde está Jesús? –Ya ustedes saben, hermanos y hermanas, pero por si acaso, les recuerdo algunos lugares privilegiados donde podemos descubrirle más fácilmente: en los barrios de los más pobres; en las personas que pasan hambre; en las niñas que son obligadas a prostituirse; en los niños que son obligados a trabajar desde pequeñitos; en los profesores que enseñan con cariño a sus alumnos, en los sacerdotes que piensan en el bien de sus feligreses; en las mamás que cargan con el peso de sus familias, ante la ausencia física, emocional o económica de su pareja; en nuestras comunidades cuando realmente vivimos comunitariamente…
Y por si acaso tienen la tentación de buscarlo donde no está, ya les digo que es muy difícil encontrarle en el Palacio Presidencial, en los políticos corruptos, en los sacerdotes que sólo se fijan en el oro y la riqueza de sus templos, en los Obispos que utilizan la autoridad para su propio beneficio, o en las empresas que destruyen la Naturaleza y contaminan nuestro mundo…
Hermano y hermana, si vas paseando por la calle y reconoces a Jesús, paseando a tu lado, salúdalo de mi parte.

26 de abril de 2014

La primera comunidad, y nuestra comunidad

Normalmente me fijo mucho en el evangelio de cada domingo y el comentario lo centro en el mensaje de ese Evangelio. Pero hoy quiero girar la mirada y ponerla en la Primera lectura de este Domingo, que está tomada de los Hechos de los Apóstoles, porque particularmente siempre ha sido un texto que me ha gustado mucho
En este relato se nos describe cómo era la primera comunidad de creyentes, y se nos dice que todo lo tenían en común, que compartían los bienes, que rezaban unidos, que se juntaban para celebrar la fracción del pan…
Y todo eso tenía dos consecuencias inmediatas: la gente se admiraba y aplaudían aquel comportamiento de los cristianos; y al mismo tiempo también eso provocaba que fueran muchos los que se unieran a la comunidad.
Nosotros seguimos siendo cristianos como aquellos primeros seguidores de Jesús, y muchas veces salimos a predicar como misioneros, por las casas, en nuestros trabajos y familias. Pero más allá de nuestras palabras lo que hablan son los gestos. Si vieran que los seguidores actuales de Jesús nos llevamos bien, nos valoramos, nos reunimos para rezar, compartimos los bienes con los pobres… como hacía aquella primera comunidad, sin ninguna duda, serán muchas personas las que queden admiradas, y muchos más también querrán seguir a Jesús.
Por eso, si queremos ser consecuentes con el mensaje de Jesús, debemos dejar a un lado los enfrentamienos absurdos dentro de la Iglesia, las luchas de poder, las rivalidades entre personas o grupos…y orar un poquito más unidos.

29 de marzo de 2014

No hay mayor ciego que el que no quiere ver


Hay ciegos físicos y hay ciegos espirituales, personas que no pueden ver con los ojos de la cara y personas que no pueden (o no quieren) ver con los ojos del corazón.
Y eso es lo que descubrimos en el Evangelio de hoy, donde Jesús cura a un ciego de su ceguera física, pero intenta curar a los otros ciegos que tienen ceguera espiritual y no lo consigue. Están viendo a Jesús hacer milagros, decir palabras salvadoras, pero no se quieren convencer. Por eso no hay mayor ciego que el que no quiere ver.
De todos modos, la ceguera sigue muy presente en nuestra sociedad. No me refiero a la ceguera física, sino a la ceguera espiritual, a la ceguera social, a la ceguera de sentimientos…
¿Son ciegos o no los políticos que se ríen de sus ciudadanos, que cuando suben al poder solo piensan en sí mismos, que conforman al pueblo con un caramelito mientras ellos se comen el bizcocho entero?
¿Son ciegos o no los empresarios que se creen dueños del país, que explotan a sus empleados, que dan sueldos ridículos, que los ponen a trabajar más días y más horas de lo que un ser humano puede soportar?
¿Son ciegos o no los hombres que maltratan a sus esposas, que las humillan y les cargan toda la responsabilidades de la casa y de la familia?
¿Son ciegos o no los sacerdotes que no trabajan en comunidad, que no dialogan con sus feligreses, que se creen dueños y señores de “su Parroquia”?
¿Son ciegos o no los periodistas que manipulan la información según si interés político, social o económico?
De verdad, hermanos y hermanas, no hay mayor ciego que el que no quiere ver.

22 de marzo de 2014

Mucha agua y mucha sed

“Mucha agua y mucha sed”, así se titula uno de los últimos discos de Migueli, un cantautor español de música religiosa. Y hoy al leer el relato del encuentro de la Samaritana con Jesús me ha venido a la mente ese título de este músico. Un título que encierra mucho contenido y que es un análisis crítico de lo que hay a nuestro alrededor.
Hay mucha agua, hay mucho talento, hay muchas cualidades, hay muy buenas intenciones, muy buenas intuiciones, muy buenos deseos… En definitiva, hay mucha, pero que mucha agua… pero la gente se muere de sed, por la falta de oportunidades, por la falta de fe en las personas, por el egoísmo predominante en muchas personas, por el abuso continuo e interesado de algunos.
¿Por qué habiendo tanta agua, se muere la gente de sed? ¿Por qué habiendo tantos recursos naturales se muere un niño de hambre o de sed en África cada 5 segundos? ¿Por qué habiendo tanta riqueza en nuestr país solo unos pocos pueden disfrutar y “vivir la vida”? ¿Por qué habiendo tantas riquezas naturales en nuestro país son los extranjeros turistas los que más disfrutan de ellas? ¿Por qué habiendo tanto oro, eso está en manos de empresas extranjeras que no dejan ningún beneficio en e país? ¿Por qué habiendo tanto arroz hay muchas familias que no pueden llenar el plato de sus hijos?

Hermanos y hermanas, hay demasiada agua, pero el egoísmo nos impide repartirla de forma equitativa. Si tienes un poco de agua compártela, porque quizá a tu lado alguien muere de sed.

15 de marzo de 2014

Auriculares

Hay inventos para la humanidad que nos ayudan y nos hacen progresar cuando les damos un buen uso, pero que en otras ocasiones también nos dañan y perjudican bastante.
Uno de ellos son los auriculares, que nos ayudan a escuchar la música sin molestar a los demás. Eso que en rincipio está bien, puede convertirse, por desgracia, en una fuente de aislamiento, de “desconexión” con la realidad.
¡Cuántos jóvenes andan en casa “desconectados” con el mundo, inmersos en lo suyo sin querer saber de nada ni de nadie!
Los auriculares que nos sirven para no molestar a nadie, a veces se convierten en un artilugio para que nadie me moleste a mí, en donde nos aislamos del mundo que nos rodea.
Hoy Dios nos dice: “Éste es mi Hijo el amado, escúchenlo”. Pero, por desgracia hay jóvenes que anda con auriculares, “desconectada”, en su propio mundo y no pueden oír ni a Dios.
Los adultos quizá utilizamos menos los auriculares, pero tenemos otros auriculares que nos impiden escuchar a Dios: el celular de última generación, la computadora, la televisión, la radio, los ruidos de la calle, la fiesta descontrolada, la pereza, el consumo…
Hay muchas formas de taparse los oídos y dejar de escuchar a Dios.

Hermano, hermana, si andas con los oídos tapados, y no escuchas nada, es momento de que te “conectes” con Dios, con el mundo y con la realidad.