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25 de octubre de 2014

Amar al prójimo... ¿y eso cómo es?



¡Madre mía, cuántas veces hemos escuchado ya el Mandamiento del amor! Lo decimos de carrerilla: "Amarás a Dios por encima de todas las cosas... y a tu prójimo como a ti mismo", pero, por desgracia, no lo aplicamos de carrerilla. Y una vez más nos preguntamos quién es nuestro prójimo, a quién tenemos que amar realmente. Les invito a que encuentren a su prójimo. Si lo encuentras ya has dado el primer paso. A continuación lo que te toca es amarlo:
- Para el enfermero: Amarás al que está postrado en una silla de ruedas y tienes que darle de comer, llevarlo al baño, vestirlo o asearlo...
- Para el profesor: Amarás al niño o el joven que, aún yendo a la escuela y sabiendo mucho de Matemáticas, de Lengua o Física, no es educado, y nunca te da las gracias por el tiempo que le dedicas...
- Para el que está en una oficina: Amarás a aquella persona que viene de malas maneras, con exigencia, con prepotencia... ya sea un cliente o tu propio jefe.
- Para los que vivimos en nuestro país: Amarás a todos los extranjeros e inmigrantes que vienen a "nuestro territorio" a ganarse la vida.
- Para los familiares que no se hablan: Amarás a todas las personas de tu familia, aunque te hayan hecho cosas muy graves, te hayan ofendido o te hayan faltado el respeto.
- Para los que están separados o divorciados: Amarás a la persona con la que un día te casaste, sabiendo que aunque no puede haber un amor matrimonial, sí al menos puede existir un amor cristiano.
- Para el sacerdote: Amarás a las personas que vienen a cualquier hora buscando consuelo, que necesitan hablar... Amarás a las personas que opinan de forma distinta en tu comunidad parroquial... Amarás a los pecadores y a los que se salen del redil, a los que no "cumplen" las normas de la Iglesia o la critican.
- Para todos: Amarás al que es diferente a ti, piensa de manera distinta, procede de otra cultura, practica otra religión, vive de otra manera, siente de forma distinta.

18 de octubre de 2014

Renace la alegría


En este fin de semana estamos celebrando el DOMUND (Domingo Mundial de las Misiones). Hay años en los que esta fecha nos trae lemas extraños, rebuscados y demasiado filosóficos. Pero en esta ocasión no es así, al decirnos: "Renace la alegría".
Cuando vi por primera vez el cartel, con esos rostros sonrientes y esa frase tan clara y sugerente, dije: "es verdad, la presencia de un misionero suele ser causa de alegría". Y así lo he vivido yo durante los años que he estado en Santo Domingo. He sentido cómo a través de la Fundación Niños Limpiabotas La Merced, las Misas, el Sacramento de la Reconciliación, la visita a los enfermos, la catequesis de niños, la pastoral Familiar o el Corito Chichigua he conseguido despertar la alegría en muchos rostros. Y lo más interesante de todo es que no soy yo quien brilla, no soy yo quien despierta esa alegría, sino el Evangelio de Jesús que sana a los enfermos, da alegría a los tristes, consuelo a los afligidos y libertad a los cautivos.
Al leer este lema muchos se pensarán que la alegría sólo renace de un lado, que sólo los que entran en contacto con nosotros los misioneros sienten alegría, y no es así. Esa felicidad es recíproca, sí. Soy yo quien he visto renacer en mí la alegría, al compartir la vida con tanta gente buena, que cree en Dios y te contagia esa fe. Soy yo quien siente esa felicidad de estar al lado de los más necesitados.
Hace poco un amigo de mi pueblo me decía: "Santi, no te canses de sonreír y compartir esa alegría que llevas dentro y que siempre compartes con nosotros, porque realmente es contagiosa".
Hoy, Día del DOMUND, quiero dar gracias a Dios porque "me utiliza" para ser fuente de alegría, porque se ha fijado en mí para ser misionero. Pero sobre todo quiero darle gracias porque, cuando llegué a Santo Domingo pensaba que iba a salvar y ayudar a mucha gente, y sin embargo soy yo quien ha encontrado la salvación y la ayuda al lado de estas personas.
Querido mangante, te invito a sonreír y compartir también con los demás la alegría que llevas dentro.

11 de octubre de 2014

El traje de fiesta



Este Domingo el Evangelio nos ofrece de nuevo otra parábola para entender el Reino de Dios.
El final de esta parábola se fija en alguien que, estando ya dentro del banquete, no estaba con el traje apropiado para dicha fiesta.
El Reino es como una fiesta al que todos estamos invitados, pero no todos llevamos el traje de fiesta. Cuando Jesús dice traje no se refiere a la chaqueta y la corbata, al vestido elegante, a las joyas preciosas... No, no. No habla de esos trajes y adornos.
He aquí algunas cosas que quizá puedas ponerte para estar "apropiado" para el banquete del Reino:
- Un pantalón de generosidad
- Una camisa de amor
- Unos calcetines de humildad
- Una chaqueta de acogida
- Una corbata de misericordia
- Un reloj de paciencia
Y si eres mujer, también puedes llevar puesto al Banquete del Reino todo esto:
- Unos zapatos de cercanía
- Un vestido de coherencia
- Un collar de justicia
- Una pulsera de libertad
- Unos pendientes de paz
- Un maquillaje de sinceridad
Si abres tu armario y ves que no tienes nada de esto, es porque no tienes "traje de fiesta". Pero aún estás a tiempo de conseguirlo. Sal a la calle y comparte con la gente, llora con el que llora, ríe con el ríe, camina con el que camina, siéntate con el que está sentado... y poco a poco, casi sin darte cuenta tendrás el "traje de fiesta".


17 de agosto de 2014

Amos y perros


En el evangelio de este domingo, Jesús dice a la mujer cananea que los amos no reparten el pan a los perros. A lo que ella corrige y le dice que al menos los perros recogen las migajas que caen de la mesa.
Amos y perros, perros y amos; ricos y pobres, pobres y ricos; poderosos y humillados, humillados y poderosos... Nuestro mundo sigue igual, dividido entre los que tienen mucho y los que tienen poco, los que se hartan de comer y los que pasan hambre, los que tienen derechos y libertades y los que son tratados como animales o peor, porque hay animales que tienen más derechos que muchas personas.
Contemplamos continuamente en República Dominicana cómo muchos haitianos vienen a buscar una vida mejor y lo que se encuentran es el desprecio, la humillación y la discriminación, empezando por nuestro propios gobernantes que inventan y ejecutan leyes injustas.
Contemplamos, especialmente en estos días, en España como muchos africanos vienen en barcas de mala muerte buscando una vida mejor y lo que se encuentran es en algunas ocasiones racismo y burla por parte de algunos de nosotros. También es verdad que hay muchas personas que generosamente los acoge y les da una vida mejor.
A los que de forma egoísta dicen que se vuelvan a su país, les pregunto: ¿es que acaso no son hijos de Dios? ¿es que acaso no merecen una oportunidad?
Nosotros hemos nacido en un país y en una familia del 1º mundo, ellos han nacido en un país pobre sin recursos y oportunidades. ¿Qué culpa tenemos nosotros de haber nacido aquí? ¿qué culpa tienen ellos de haber nacido allí?
Haitianos, africanos, de todos modos, ustedes nos llevan mucha ventaja, porque Dios les mira con un cariño especial, con gran ternura y misericordia. Él se fija en los más débiles: en los extranjeros que buscan una vida mejor, en los pobres que pasan hambre, en las prostitutas que son humilladas y usadas, en los niños que no pueden ir a la escuela, en las familias que no tienen techo... y les sana, de la misma forma que en evangelio de este domingo Jesús sana a la hija de esta mujer cananea que tiene mucha fe.

8 de agosto de 2014

La inhumanidad del ébola


A veces somos así las personas. Aplaudimos la tarea de los misioneros, valoramos todo lo que hacen, pero cuando ocurre algo como lo que ha pasado con el P. Pajares que infectado con el ébola ha tenido que ser trasladado de Liberia a España, algunas personas pierden la humanidad y dicen que es mejor que se cure allí o cuestionan quién se hará cargo de todos los gastos que eso ocasiona.
Es verdad que los misioneros no están en esos países para que nadie les aplauda, ni buscan honores ni medallas, pero sí quieren encontrar, al menos, comprensión y humanidad de los que aquí vivimos cómodamente.
El P. Pajares es un orgullo para la Iglesia que demuestra una vez más que hay muchos cristianos (sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos) que están donde no quiere estar nadie y que dan su vida (o la pierden, mejor dicho) por los demás.
Ojalá y éste religioso de la Congregación de San Juan de Dios se termine curando y consiga restablecer su salud. Y ojalá y también nuestros países pongan en marcha ayudas concretas para que en los países afectados no mueran más personas por el ébola. Si esta enfermedad traspasara las fronteras de África e infectara otros continentes, pronto se encontraría una vacuna. Y es que somos así, por desgracia. Lo que no nos afecta, no nos importa, y hasta parece que no existe. Si mueren más de mil africanos por el ébola nadie se estremece, pero si un español y algún norteamericano tienen la enfermedad aí que nos preocupamos.
El ébola deja patente una vez más el mal reparto de los bienes de la tierra y cómo por desgracia aún hay seres humanos de primera clase y de segunda o tercera clase.
Un aplauso para el P. Pajares que aún a riesgo de infectarse, como así ha sido, estuvo al lado de las personas enfermas que le necesitaban.

31 de mayo de 2014

Quiero ser obispo


Cuando comencé a estudiar Teología, el primer día de clase un seminarista me preguntó a qué aspiraba yo. Me quedé un tanto sorprendido con la pregunta y le respondí que yo lo que quería era ser mercedario. A continuación, yo también le quise preguntar a qué aspiraba él, y me dijo que él quería ser obispo. Después de su respuesta me quedé sin palabras, porque nunca había imaginado que alguien aspirara a ser obispo.
Aquel joven seminarista no sé qué intención tenía al pretender ser obispo. No me atreví a preguntárselo. Quizá quería llevar una mitra y un báculo para servir más al pueblo, o quizá quería ir de purpurado para mandar más. Por desgracia dentro y fuera de la Iglesia muchas personas buscan ascender y tener los mejores puestos, no para servir sino para mandar y estar por encima de los otros.
Cuando uno está en una empresa quiere subir de posición porque normalmente eso da mayor prestigio y repercute positivamente en el sueldo de cada mes. Muy pocas veces se busca un ascenso con la intención de servir más y mejor a la gente.
Sin embargo, una vez más Jesús nos da un ejemplo en este domingo en que celebramos la Ascensión, porque Él se va a los cielos no para alejarse de nosotros, sino para estar más cerca; no para tener mayor prestigio y dinero, sino para estar a nuestra disposición; no para mandar más, sino para servir más y mejor.
Él nos dice que no nos deja solos, que nos deja al Espíritu Santo. Y nos da la misión de seguir haciendo discípulos y bautizando a más personas.
Que si conseguimos un ascenso, sea para servir y promocionar a otros. Sólo así estaremos ascendiendo al estilo de Jesús.
Por cierto, aquel seminarista que quería ser obispo, hoy es un cura rural, que atiende 10 o 12 parroquias. Probablemente, atendiendo a estas parroquias, está viviendo mejor la auténtica Ascensión.

18 de abril de 2014

Viernes Santo: Señor, hoy te vi en la basura


Hoy, Viernes Santo, las calles de la ciudad estaban desiertas, no veías a nadie, casi no había carros circulando, se respiraba silencio y paz...
Tan solo vi a un señor, sucio, desarreglado, despeinado, con la ropa desgastada y rota, que llevaba una funda de plástico cargada en sus hombros... En un momento de su andadura observé que se paraba y en un cubo grande de basura adentraba primero su cabeza, luego sus brazos y finalmente casi todo su cuerpo hasta la cintura. Sin ninguna duda estaba buscando algo: ¿comida? ¿ropa? ¿algo de valor para venderlo?...
Y descubrí que ahí estaba Dios, en ese basurero, en ese hombre que buscaba algo para poder sobrevivir. Y estábamos también cada uno de nosotros buscándote, como ese hombre, Señor. Porque tú no habitas en los palacios, tú estás en las casas de los pobres; tú no vas adornado de joyas y ropa cara, tú vistes de forma sencilla; tú no necesitas muchas cosas para el camino, tú te despojas de todo; tú no participas de grandes banquetes, tú te sientas a comer en una mesa humilde...
Hoy vamos a las iglesias a vivir tu Pasión y tu Muerte, también salimos a las calles para "procesionar contigo" y quizá Tú no estés ahí, porque estás en los basureros, a las afueras de la ciudad, donde viven los ignorantes, los pobres, los enfermos, los que huelen mal, los que no saben leer ni escribir, los que no tienen trabajo...

17 de abril de 2014

Jueves Santo: vi a Dios en una cama


En estos días de Semana Santa estoy dando Ejercicios Espirituales a las religiosas Mercedarias de la Caridad, y hoy he vivido uno de los momentos más emocionantes y tiernos de mi vida.
Al terminar la Celebración de la Última Cena, las hermanas y yo hemos hecho una pequeña procesión con el Santísimo. En dicha procesión hemos hecho dos paradas, en dos habitaciones de dos hermanas que por su enfermedad están ya encamadas.
El encuentro con una de ellas ha sido especialmente emotivo. Ella tiene Alzheimer y a veces "no se entera de la cosas", pero de vez en cuando da lecciones de cordura y de fe. Y hoy ha sido uno de esos días. Cuando la visitamos con el Santísimo, ella, que tenía una muñeca en sus manos, la soltó y abrazó con cariño la custodia, la besó y se unió a todas las hermanas cantando. Después le dije que le dijera algo bonito a Dios y me dijo, con dos lágrimas en los ojos, que no podía, que estaba emocionada.
Me llené también de emoción junto a ella (sé que alguna hermana también se emocionó) y tuve que contener las lágrimas porque realmente aquel gesto de ella me ayudó a descubrir a Dios en el Santísimo y en aquella hermana postrada.
Cuando volvía a casa en el carro, venía pensando en aquel momento maravilloso que había vivido, y pensaba: ¿Será que ella, con su Alzheimer, tiene mayor capacidad para "ver y hacernos ver a Dios"? -Probablemente.
Gracias, Señor, por haberte hecho hoy presente en el Sacramento del altar, y estar también en la cama de esta hermana Mercedaria.
Hoy quiero adorar tu Cuerpo y Sangre, Señor. Hoy quiero adorarte en la cama de esta hermana mercedaria donde te he visto claramente.

29 de marzo de 2014

No hay mayor ciego que el que no quiere ver


Hay ciegos físicos y hay ciegos espirituales, personas que no pueden ver con los ojos de la cara y personas que no pueden (o no quieren) ver con los ojos del corazón.
Y eso es lo que descubrimos en el Evangelio de hoy, donde Jesús cura a un ciego de su ceguera física, pero intenta curar a los otros ciegos que tienen ceguera espiritual y no lo consigue. Están viendo a Jesús hacer milagros, decir palabras salvadoras, pero no se quieren convencer. Por eso no hay mayor ciego que el que no quiere ver.
De todos modos, la ceguera sigue muy presente en nuestra sociedad. No me refiero a la ceguera física, sino a la ceguera espiritual, a la ceguera social, a la ceguera de sentimientos…
¿Son ciegos o no los políticos que se ríen de sus ciudadanos, que cuando suben al poder solo piensan en sí mismos, que conforman al pueblo con un caramelito mientras ellos se comen el bizcocho entero?
¿Son ciegos o no los empresarios que se creen dueños del país, que explotan a sus empleados, que dan sueldos ridículos, que los ponen a trabajar más días y más horas de lo que un ser humano puede soportar?
¿Son ciegos o no los hombres que maltratan a sus esposas, que las humillan y les cargan toda la responsabilidades de la casa y de la familia?
¿Son ciegos o no los sacerdotes que no trabajan en comunidad, que no dialogan con sus feligreses, que se creen dueños y señores de “su Parroquia”?
¿Son ciegos o no los periodistas que manipulan la información según si interés político, social o económico?
De verdad, hermanos y hermanas, no hay mayor ciego que el que no quiere ver.

2 de marzo de 2014

Para vivir tranquilos


No anden agobiados ni preocupados, dice Jesús en el evangelio de este domingo. Y mientras nosotros vamos de acá para allá, con prisa, nerviosos, angustiados, con prisa y tan afanados que nos olvidamos de vivir la vida.
Los quehaceres cotidianos, el trabajo, la familia, los hijos, los gastos diarios… muchas veces nos hacen vivir estresados y no nos permiten disfrutar de las cosas buenas que tiene la vida. Por eso, les propongo realizar algunas cosas que nos ayuden a vivir con menos estrés y más al “estilo de Jesús”:
Vete un día a pasarlo con tu familia: a un parque, a un centro comercial, a la zona colonial, a la playa…
Visita a los familiares del campo: los primos, los abuelos, los tíos… y comparte con tus seres queridos el tiempo que muchas veces no puedes darles en la semana.
Sal a pasear solito… Camina y camina, sin prisa, sin rumbo, donde los pies te lleven, donde te apetezca.
Lee un libro que te ayude a desconectar del ruido y preocupaciones del mundo. 
- Escucha música suave, que te relaje.
- Túmbate en el jardín de tu casa, de noche, y contempla las estrellas, la luna y la paz que ellas te transmiten.

Como ves, puedes hacer muchas cosas que te pueden ayudar a no vivir agobiado y preocupado. Sólo es cuestión de buscar tiempo.

21 de diciembre de 2013

Jesús fue hijo de emigrantes


En unos días vamos a estar celebrando el Nacimiento del Hijo de Dios. ¿Se acuerdan ustedes lo que tuvieron que hacer José y María? –Huyeron de su casa de Nazaret y fueron a buscar posada, todo el mundo les cerraba las puertas y el Niño-Dios vino al mundo en Belén, fuera de su casa, en un lugar extraño y poco confortable.
Jesús nació emigrante, fuera de su casa y rechazado por todos.
Parece que la historia se repite. Hace unos meses veíamos cómo a los hijos de haitianos que ya habían nacido en nuestro país no se les reconocía la nacionalidad, y se convertían en unos “sin tierra”, que no eran ni dominicanos ni haitianos.
A todos nos parece que la situación en la que nació Jesús fue humillante, y sin embargo, no todos pensamos que la situación que sufren estos “dominicanos” hijos de haitianos es también humillante.
En este tiempo de Adviento cada domingo hemos estado completando en las celebraciones de la Eucaristía la palabra ACOGIDA y queríamos abrir nuestras casas, nuestros hogares y nuestra patria a aquellas personas que se encuentran “sin tierra” y desposeídas de una identidad y nacionalidad.
Navidad significa “nacimiento”. Que dejemos nacer un nuevo país, unas nuevas leyes que ayuden a integrar, no a excluir, que ayuden a acoger, no a expulsar, que ayuden a vivir, no a morir, que ayuden a crecer, no a hundir.

Si tienes clara tu nacionalidad: Feliz Navidad. Y si no tienes clara tu nacionalidad: Feliz Navidad.

10 de diciembre de 2013

Niñeras con uniforme



Desde que vine a Santo Domingo hace ya 4 años me vengo preguntando por muchas cosas que veo, y con el debido respeto, voy comentando, analizando y escribiendo aquello que pienso. Probablemente en muchas cosas me equivoco y reflejo simplemente que he sido educado en otra cultura distinta a esta. Ni mejor ni peor, distinta.
Toda esta introducción sirve de pretexto para analizar algo que en varias ocasiones he visto y que creo que no es una cuestión cultural, sino una cuestión de humanidad.
Es fácil salir un sábado o un domingo a cualquier centro comercial, a pasear por un parque o por la calle y encontrarte con la siguiente imagen: una familia con sus hijos (normalmente no más de dos) y acompañándoles va la empleada, la criada, la niñera o la chica de la casa, como queramos llamarle. Hasta ahí todo normal, ¿verdad? Pues sí, todo normal, si no fuera porque la muchacha que lleva las tareas de la casa y cuida a los niños va con el mismo uniforme que normalmente utiliza en la casa al cocinar, al limpiar o al cambiarle los pampers a los bebés.
A mí, desde luego me parece un acto de discriminación y humillación, porque allá donde van todos saben quiénes son los señores y quién la sirvienta. Puede ser que no haya mala intención de discriminar por parte de la familia (estoy seguro que no). Probablemente siempre se ha hecho así. Quizá es una cuestión práctica y hasta las mismas muchachas prefieran ir así. Pero, en mi opinión, es un acto de discriminación.
Creo que la muchacha podría salir con la familia, bien arregladita, con su "vestido de domingo" y no quedar tan señalada como queda.
Quizá todo esto no lo entiendo por cuestiones culturales. Pero si alguien que está leyendo esto ha "paseado" con su familia y su criada de esta forma, póngase en el lugar de la muchacha y salga de paseo con la ropa de trabajar. Quizá no se sienta muy cómodo/a.
Son pequeños detalles que quizá hoy en el Día de los Derechos Humanos puedan ayudarnos a reflexionar.

20 de noviembre de 2013

20 de Noviembre: Día Internacional del Niño



Hoy, 20 de Noviembre, se celebra el Día Internacional del Niño.
Por eso quiero homenajear a:
- Todos los niños que cada día van a la escuela y aquéllos que no disponen de esa oportunidad.
- Todos los niños que han perdido a sus papás y aquéllos que crecen junto a ellos.
- Todos los niños que tienen juguetes y aquéllos que juegan con su imaginación.
- Todos los niños que sufren explotación laboral y aquéllos que se preparan para trabajar cuando sean mayores.
- Todos los niños que piden por las calles y aquéllos que les sobra el dinero.
- Todos los niños que están enfermos y aquéllos que gozan de muy buena salud.
- Todos los niños (sobre todo niñas) que sufren explotación sexual y aquéllos que son protegidos por sus papás.
- Todos los niños que no tienen para comer y aquéllos que cada día dejan comida en el plato.
- Todos los niños que tienen sed y aquéllos que se olvidan de cerrar el grifo (la pluma).
- Todos los niños que no tienen ropa y aquéllos que cada mañana se levantan, abren el armario y dudan qué ropa ponerse.

Por todos los niños del mundo...

6 de noviembre de 2013

Quiero ser bombero



Hace unos días pasaba con el carro por una de las calles de nuestro barrio y de repente vi cómo dos niños de 8 ó 9 años se estaban peleando, dándose buenos golpes. Me llamó tanto la atención que me paré y desde el carro les grité para que pararan. Ambos me miraron y, quizá por el susto o la vergüenza de que el padre de la Iglesia les estaba viendo y llamando la atención, ambos pararon de golpearse.
Me puse a hablar con ellos, a ver por qué estaban peleándose, y ambos me dieron sus razones. Les dije que se pidieran perdón y así lo hicieron. Uno de los niños se marchó y el otro allí quedó. Entre tanto se acercó una vecina y me empezó a explicar que este niño (el que se quedó allí junto a mí) tenía problemas en casa, la mamá era muy joven, eran 4 hermanitos y ninguno iba a la escuela. Le pregunté al niño qué hacía cada día, y me dijo que nada, sólo estaba en casa o en la calle.
Le pregunté qué quería ser de mayor, y me dijo que bombero. Esbocé una sonrisa y le dije que para eso tenía que ir a la escuela. "Todos los bomberos estudian" -le indiqué.
Finalmente el niño se marchó.
Esa anécdota me dejó triste y pensativo, al ver la falta de oportunidades que muchos niños y niñas tienen en este país. La culpa es doble: los papás que no llevan a sus hijos a la escuela y no les preparan para tener un futuro digno, pero también es culpable el Ministerio de Educación que no controla esas situaciones injustas.
Soy consciente de que no es fácil, pero sí soy consciente de que algo más se puede hacer.
Quizá nuestra sociedad se está perdiendo un buen bombero para el día de mañana.

12 de octubre de 2013

¡Cuánto racismo!

Ya lo he dicho en otras ocasiones que a mí la situación que vivían los judíos y los samaritanos se me asemeja un poco a la relación que existe entre los dominicanos y los haitianos.
En el tiempo de Jesús los judíos miraban por encima del hombro a los samaritanos, los consideraban de segunda categoría e indignos del favor de Dios.
Espero que nadie se me ofenda, pero en estos últimos tiempos estamos viviendo a nivel institucional una clara demostración de racismo y xenofobia desde nuestro país hacia el pueblo haitiano. La decisión del Tribunal Constitucional de negar la nacionalidad a aquellos hijos de haitianos que han nacido en nuestro país es algo ridículo e inhumano. Yo no entiendo de leyes, pero sí de humanidad. Por eso miro nuestra sociedad y veo que explotamos a los haitianos, les damos los puestos de trabajo más denigrantes, les pagamos una miseria, no les cubrimos el seguro laboral, les ponemos a trabajar también los domingos… y luego ni siquiera somos capaces de permitir que sus hijos, nacidos aquí, crecidos aquí, educados aquí y que trabajan aquí, sean reconocidos como ciudadanos dominicanos de todo derecho. ¡Dios mío! ¿dónde vivimos? En cualquier país civilizado eso no ocurre. ¿Será que nosotros no vivimos en un país civilizado?
En el evangelio de hoy sólo el samaritano (el extranjero, el indigno, el infiel, el despreciable…), aquel al que los judíos miraban por encima del hombro, se acerca a dar gracias a Jesús por haber sido curado.
Dios está siempre del lado de los más desfavorecidos, por esto estoy convencido de que Dios está del lado de estas personas que han perdido su nacionalidad y ahora no saben si son dominicanos, si son haitianos o si no son de ninguna parte. Si algún día recuperan su nacionalidad mirarán al cielo y le darán gracias a Dios (como lo hizo el samaritano a sentirse curado), mientras que nosotros nunca jamás le hemos dado gracias a Dios por haber nacido de este lado de la isla y gozar de algunos privilegios.

2 de agosto de 2013

Necios, idiotas, imbéciles, insensatos, tontos, bobos y estúpidos...



¡Qué fantástica la lección que Jesús nos da en el evangelio de este domingo!
En la vida nos gusta acumular. Queremos tener una casa para vivir, pero si es grande, mejor; si tiene todas las comodidades, mejor; si tiene jardín y piscina, mejor... Queremos tener un carro para desplazarnos, pero si es último modelo que tiene todos los complementos, mejor; si tiene el motor de mayor cilindrada, mejor; si es grande para que me vean, mejor... Queremos tener un celular para comunicarnos, pero si tiene pantalla táctil, mejor; si tiene acceso a internet, mejor; si tiene gps, mejor... Queremos tener una computadora para trabajar, pero si tiene los mejores programas, mejor; si es más rápido que una bala, mejor; y si tiene capacidad para almacenar hasta un elefante, mejor...
Nadie duda que tener una buena casa, un buen carro, un buen celular o una buena computadora nos facilita la vida y nos ayuda a vivir mejor, pero también, si no estamos atentos, todo eso puede esclavizarnos y mucho.
Pero ¡qué idiotas somos! y perdonen la expresión, pero es Jesús quien la utiliza, porque decir necio, idiota, imbécil, insensato, tonto, bobo o estúpido es lo mismo. Andamos tan preocupados de todas esas tonterías que nos olvidamos de lo que dice Jesús en el evangelio de este domingo: ¿Se lo recuerdo?
"Necio esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quien será?"
Queridos mangantes, no seamos necios, idiotas o estúpidos, pongamos el corazón y la vida en las cosas importantes: las personas, el amor, Dios, hacer el bien... y no en cuestiones pasajeras que nos dejan vacíos.

25 de julio de 2013

Una niña de gran corazón


En estos días ando por mi pueblo compartiendo la vida con mi familia y mis amigos. Y hoy me ha ocurrido algo que me ha descolocado por completo y me ha hecho ver cuán grande es el corazón y la generosidad de los niños, y qué fácil es encontrar a Dios en los gestos sencillos.
Estaba tranquilo en mi casa, cuando han llamado a la puerta una mamá con su niña de 9 años. He salido a abrir y me han dicho que venían a hablar conmigo y a darme algo. Les he hecho entrar en casa y la niña ha tomado la palabra y me ha contado que me conocía de una ocasión que fui a su colegio a hablar de las cosas que los mercedarios hacíamos en Santo Domingo. Después me ha dicho que me traía su alcancía (hucha) donde tenía todos sus ahorros de un año. Todo eso me lo daba para que yo se lo diera a los niños pobres con los que trabajo en Santo Domingo. Me le he quedado mirando a la niña con admiración y cariño, y no he podido decirle más que gracias en mi nombre y en nombre de los niños de Santo Domingo.
Al marcharse me he puesto a contar el dinero y había 223 euros. ¡Impresionante!
En la intimidad se me han caído unas lágrimas porque lo que había hecho aquella niña era un gesto de enorme generosidad. Aquella niña había renunciado a comprarse unos patines y estaba regalando 223 euros de alegría; aquella niña había renunciado a comprarse la muñeca más linda del mundo y estaba regalando su amistad a los más pobres; aquella niña había renunciado a comprarse un vestido monísimo, porque había aprendido que hay más alegría en dar que en recibir.
Me quito el sobrero, me inclino y me pongo de rodillas ante el gesto de esta niña, porque realmente ella me ha hecho descubrir a Dios. Gracias por mostrármelo.

16 de abril de 2013

Llamar a cada uno por su nombre


Hace unos días conversaba con un joven y me decía: "mira, yo en catequesis llamo a cada niño y niña por su nombre. No ando diciéndoles `oye, muchachito', `oye, muchachita', porque creo que cada uno de ellos es importante y no hay cosa más linda que llamarle a uno por el nombre que ha recibido".
En mi recorrido como catequista o acompañante de catequistas, siempre me pareció fundamental saber y conocer el nombre de los niños, pero cuando llegué aquí a Rep. Dominicana se me complicó la historia porque hay de cada nombre que hay que hacer un curso previo para entender algunos nombres y saber cómo se escriben.
Revisando en la Biblia he recordado que Dios siempre llama a cada uno por su nombre, especialmente cuando tiene una misión preparada para alguien. Además en el relato de la creación, cada vez que Dios crea algo, lo nombra y queda hecho.
Algo así podría ocurrir entre nosotros, cada vez que dijéramos el nombre de alguien que surgiera en él o en ella una nueva creación, una recreación, una renovación que viene de parte de Dios.
Mangantes, les invito a hacer el esfuerzo de llamar a cada uno por su nombre, porque de esa forma estamos dando vida a otras personas.

20 de marzo de 2013

Mango y Manguillo: Invitemos al Papa a venir a RD


Manguillo: Hola, Mango, ¿ya supiste que la Iglesia ha elegido un nuevo Papa y que se llama Francisco?
Mango: Oh, claro, Manguillo, ¿y quién no conoce esa noticia?
Manguillo: Yo andaba pensando que deberíamos invitarlo a venir a nuestro país, pero no sé cómo organizar el viaje, dónde llevarle, por ejemplo.
Mango: Eso es fácil. Según dicen es un persona sencilla y humilde, así que lo mejor sería llevarle a ver los barrios más pobres de este país y que dialogue con las personas más humildes, que comparta sus vidas y problemas. Y le invitaría a comer moro con guandules, cocinado con cariño por una de las doñas de esos barrios.
Manguillo: ¿y qué podríamos ofrecerle?
Mango: Lo mejor sería darle un abrazo grande, de esos que sabemos dar los dominicanos, que expresan nuestro cariño y afecto.
Manguillo: ¿Y qué podríamos pedirle a él?
Mango: Simplemente que nos quiera y nos ame como Dios ama a los más pobres y humildes.

12 de febrero de 2013

Un Mango para Benedicto XVI



     Ayer nos despertábamos con la noticia de la renuncia de Benedicto XVI como Papa de la Iglesia Católica. Las reacciones han sido múltiples, los comentarios no han dejado de oírse en todos los ámbitos de la vida eclesial y social. Probablemente no voy a decir nada nuevo, pero me apetece enviar un mango a Benedicto (aunque ya en otra ocasión le envié uno por otro motivo).
     Y quiero mandarle un mango dulce, porque creo que el detalle de presentar su renuncia demuestra no ser una persona atada al poder y que ha visto su pontificado más como un servicio que como un privilegio. Le llegó tarde el Pontificado y se ha marchado cuando nadie se lo esperaba. Un aplauso para este hombre de 85 años que ha puesto lo mejor de sí para llevar el timón de la Iglesia.
     Cuando fue elegido yo quedé algo sorprendido y diría que enfadado, porque él se había destacado durante el pontificado de Juan Pablo II por "perseguir" a aquellos que se salían de la doctrina de la Iglesia. Sin embargo, después de casi 8 años como Papa, puedo decir que ha "perseguido" otras cuestiones más necesarias de "persecución" en la Iglesia, como era la pederastia de algunos sacerdotes, se ha acercado a otras confesiones cristianas buscando el diálogo y nos ha dejado unos documentos eclesiales de gran contenido teológico y espiritual.
     Creo que ha sido un hombre valiente, muy inteligente y humilde.
     Ojalá y otros papas hubiesen renunciado en su momento como lo ha hecho Benedicto XVI.
     Desde Santo Domingo, desde una parroquia y un barrio donde no entendemos demasiado de burocracias vaticanas, pero sí de humanidad, le envío este mango, le felicito y le agradezco su espíritu de servicio por la Iglesia.